Ambiente

El Riachuelo y su patrimonio en vías de recuperación

9 septiembre, 2014

Una mirada histórica del Riachuelo, que incorpore su valor patrimonial y su identidad, se impone para redescubrir un río por el cual pasó la historia y la economía de nuestro país. Esa mirada dará cuenta de los contrastes de una sociedad que pensó ese lugar como el del ascenso social y el trabajo, a la vez que lo convirtió en el más degradado del país, ambientalmente hablando.

Riachuelo (5)-EditarDesde la conquista y los primeros emprendimientos de rudimentarias industrias, el lugar fue cuna de la actividad económica. Las inmigraciones trajeron luego la llegada de las masas obreras y la revolución industrial, y fueron pintando un territorio en el que se desarrolló un sistema productivo cada vez más grande y más contaminante.

En ambas márgenes de la Cuenca Baja puede observarse “el gran cementerio” de la industria metalmecánica argentina: la Tamet, la Siam (hoy en proceso de reapertura), donde trabajaban contingentes humanos enormes que fueron un emblema de la época productiva y dieron identidad propia al lugar.

La cercanía al río era estratégica para todo ese sistema industrial, como medio de transporte pero también para enfriamiento de metales y para todo tipo de arrojos.

En la desembocadura del arroyo Cildáñez, aún hoy hay un diamante para el giro de embarcaciones, pensado para la navegación de buques de gran calado. Ahí funcionó “Fabricaciones Militares”, pero la industria del metal luego se estableció en San Nicolás y quedó trunco ese intento industrializador de la zona.

Hacia el  puente La Noria, el Riachuelo era un lugar de balnearios públicos. La Salada fue centro de esparcimiento por años de porteños y bonaerenses.

Vecinos de edad avanzada aún recuerdan positivamente los años de prosperidad de la zona y es verdad, porque no había conciencia de la contaminación, de los efectos negativos en el medio ambiente de toda esa producción sin ningún tipo de control. Se quedaron con lo positivo que la prosperidad les permitía: funciones en el teatro Roma de Avellaneda, los estadios de fútbol, los clubes de remo, las cantinas de La Boca, los carnavales. Era un sistema productivo organizado que funcionaba socialmente aunque contaminara, que daba prosperidad a la zona y que brindaba lugares también para el ocio y para la cultura.

Cuando ese esquema empezó a declinar y a atragantarse con los vaivenes de la economía, se empezó a generar el deterioro de la zona. A ello se le sumó la desarticulación del puerto de La Boca, en la época de Onganía. Un sistema productivo que se cerró junto a toda su red económica y que no se sustituyó por otro. La Boca perdió el puerto, su simbología,  las profesiones, los oficios alrededor de lo naval. Muchos establecimientos se cerraron, galpones navales, comercios, y dejaron sin trabajo a numerosos contingentes humanos.

Al cierre del puerto y la degradación industrial se le sumó la prohibición de bañarse en el Río de la Plata, en la década del ’70. Todo eso generó que la sociedad paulatinamente se fuera alejando del Río, hasta llegar a ignorarlo. Y en ese ninguneo, el que quería iba y ponía una industria y por un caño tiraba lo que quería. Todo pasó por el Matanza Riachuelo: pasó la dictadura, pasaron promesas y mil días.

Hoy la recuperación del Riachuelo se presenta como una metáfora de la recuperación del país que está llevando adelante este proyecto nacional, porque históricamente ha sido el reflejo de lo que pasaba en el país.

La causa judicial por la recuperación del Riachuelo se inició en julio de 2004, cuando un grupo de vecinos de Villa Inflamable, en Avellaneda, encabezados por Beatriz Silvia Mendoza y otras 16 personas presentaron, ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, una demanda reclamando la recomposición del medio ambiente y la creación de un fondo para financiar el saneamiento de la cuenca, responsabilizando de daños y perjuicios al Estado Nacional, la Provincia de Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 44 empresas aledañas por volcar directamente al río sus residuos peligrosos, por no construir plantas de tratamiento, por no adoptar nuevas tecnologías y por no minimizar los riesgos de su actividad productiva.
Dos años más tarde, el 28 de agosto de 2006, bajo el gobierno de Nestor Kirchner, el Estado Nacional creó bajo la Ley Nº 26.168, la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR), a la que suscribieron la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires. Pasaron 2 años más, y el 8 de julio de 2008 la Corte dictó un fallo histórico en la causa por la recuperación del Riachuelo. Cinco años han pasado desde entonces y bien vale una reflexión.Riachuelo (6)-EditarEl fallo logró muchas cosas, la más importante en términos institucionales, ha sido el fortalecimiento de ACUMAR. Contar con un organismo integrado por todas las jurisdicciones que tienen injerencia en la Cuenca no es menor; con sus dificultades, con sus complejidades, con sus imperfecciones, ha demostrado que es un organismo fuerte, que funciona y que resuelve.

Estamos escribiendo una nueva página en la historia de la Cuenca. Por primera vez hay un plan integral en ejecución, llevado adelante por ACUMAR y custodiado por la Corte Suprema de Justicia: relocalización de villas y asentamientos; obras de cloacas y agua potable; tratamiento de residuos bajo un nuevo paradigma, se trata de la construcción de ecopuntos para el tratamiento diferenciado de residuos sólidos urbanos; limpieza de márgenes y espejo de agua; control industrial sobre más de mil trescientos establecimientos declarados agentes contaminantes de los que hasta el momento no se tenía ningún tipo de registro y ahora se los controla, se los fiscaliza, se los ayuda a reconvertir; monitoreo continuo de la calidad de agua y aire, liberación del camino de la ribera, plan sanitario de emergencia.

Al mismo tiempo, las expresiones artísticas se asoman, en forma de coloso en Avellaneda, y de murales junto al transbordador de La Boca, y dan cuenta de la esperanza de la recuperación, porque es muy difícil identificarse con un poco de agua sucia, pero no con una historia, con un relato, con un tango, con un cuento, con una arquitectura, con un puente.

Desde el gobierno nacional se avanza hacia el rescate no sólo del saneamiento de la Cuenca, sino además de su historia a través de su patrimonio: sus bellísimos puentes, entre los que se destaca el postergado Transbordador Nicolás Avellaneda, ícono del Riachuelo que Vialidad Nacional está recuperando; sus edificios de alta significación como la Barraca Peña o el ex Hotel de los Inmigrantes, donde se albergará a la carrera de ciencias ambientales de la Universidad de Avellaneda; edificios que dicen e interpelan; viejos frentes de la ciudad sobre el río que añoran tiempos orilleros.

El Riachuelo evoca momentos que nos vienen a buscar para mirarnos en un pasado que quiere ser rescatado con dignidad y esplendor, para disfrute y encuentro con un paisaje que quiere recuperarse en esta tarea tan prioritaria de volver a acercar a la comunidad a su Río.