Gobierno y Participación

CLAVES PARA ENTENDER NUESTRO TIEMPO: ENTREVISTA A MARIO TOER

4 octubre, 2018

Una tarde primaveral, nos recibió en su casa Mario Toer, sociólogo, docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires, especialista en Política Latinoamericana, para conversar desde una perspectiva histórica el proceso político actual y las alternativas que van emergiendo en el campo popular, analizando como influye esta coyuntura en particular en el distrito eje del macrismo, la Ciudad de Buenos Aires.

– ¿Qué análisis hacés en clave regional de la situación política que atraviesa nuestro país actualmente?

Podemos decir que se va delineando una situación que, si bien en nuestro país tiene características específicas, viene desplegándose en toda la región. Una región que estuvo muy impactada por lo que fue la confluencia de fuerzas progresivas durante más de una década, que buscaron definir una programática que las cohesionara y las constituya como bloque, pero que no alcanzan a lograrlo. No se consigue consolidar un bloque regional, a pesar de algunos momentos en que nos acercamos a ese propósito.

Los que convergieron, lo hicieron bajo este signo de constituir un bloque y protegerse mutuamente, pero muchas veces fueron portadores de supuestos programáticos que no son los mismos. En la Argentina, tuvimos esta situación particular de un sector de lo que era el movimiento justicialista, que reacciona de una manera imprevista, y convoca a todos los remanentes que conservaban la vocación de constituir un discurso contra los ejes tradicionales en la Argentina. Inesperado, venido del sur, con sólo el 22% de los votos, utilizando siempre con bastante picardía la fuerza y los recursos del enemigo -las leyes de las artes marciales orientales del conflicto-, convocados inicialmente por Duhalde a quien después habrán de enfrentar y vencer.

Allí se inicia un proceso de acumulación y reparaciones históricas, significativas e importantes, y en su transcurso se establece un vínculo de profunda complicidad simbólica con un amplio sector de nuestro pueblo, cosas que ocurren muy esporádicamente en la historia de los pueblos. De todas maneras, no se cuentan con los elementos suficientes para afrontar la multiplicidad de tareas y la variada índole de  conflictos que se encuentran en el camino. La improvisación y el aprendizaje se tornan inevitables.

Lo que acontece en el resto de la región es muy similar, y tiene lugar en un momento en que EEUU se encuentra absorbido en el conflicto de medio oriente. Se fue generando una polarización, que va constituyendo algo que se va aproximando a una identidad. Esta polarización se revierte y adquiere nuevos efectos en cada uno de nuestros países. Por cierto hay una variedad de situaciones.

En el caso  de la Ciudad de Buenos Aires es un tema aparte, en tanto también se generan variantes encontradas. En la misma Ciudad que, en otros momentos de la historia, tuvo otra disposición, por ejemplo con el Frente Grande, donde se alcanzaron porcentajes de rondaron la mitad de la población, en torno a políticas progresivas. De allí que no podemos llevar a cabo apreciaciones simplistas.

– ¿Qué perspectivas tiene el macrismo de consolidarse en el poder?

Desde el principio sostuvimos que la programática neoliberal no iba a poder sustentarse, no tenía posibilidades de abrir un curso con expectativas de largo plazo. Eso jugaba necesariamente a favor. Simplificando, daba cuenta que los que primero y mejor iban a trabajar para acortar su ciclo, eran ellos.

Primero se esforzaron por el famoso “gradualismo”, intentando que no se notase tanto para qué venían. Pero las fuerzas constitutivas que los sustentan, tienen ese programa inalterable que es un tanto pueril y muy frágil, que produce dos tipos de confusiones: la primera es suponer que en la periferia se puede funcionar con el mismo programa que en el centro; el segundo fue imaginar que la política y administración de un país es equivalente a la administración de una empresa. La empresa sí tiene que dejar gente afuera, porque es “necesario”, y lo hace. Un país no es una empresa y si no se hace política con “la gente adentro”, la situación se deteriora. Esta forma de concebir lo político, se deteriora, y como en la fábula del alacrán y la rana, lo pica porque no puede dejar de hacerlo. Es el instinto.

El sueño del No al ALCA, en su momento, pretendía la constitución de un bloque regional que reemplazara esa propuesta de mercado como prolongación del norteamericano, y apuntar a un mercado regional propio. Pero la configuración de las arterias que hicieran posible ese bloque no pasaron de ser un borrador y no su pudieron desplegar los elementos suficientes. Las instancias técnicas que tenían algo que ver con ese espacio virtual hicieron ensayos y encontraron poca disposición, dado que eran intereses privados los que podían manejar el grueso de los recursos. Por lo tanto, nunca se llegó a configurar el entramado mínimo, para que hubiera intereses que sostuvieran la configuración de un bloque.

En este tiempo, visto desde las tesis marxistas, pienso que en la periferia no puede pensarse en constituir espacios “socialistas”, porque ello requiere un cierto desarrollo de las fuerzas productivas, estar a la avanzada del desarrollo científico tecnológico y con productores directos capaz de hacerse cargo de los mismos, que solo puede alcanzarse en asociación con espacios del centro, lo que es evidente que hoy todavía no existe. Pero si hay un margen muy amplio en la periferia para avanzar en la democratización de sus sociedades, en el protagonismo de sus sectores más postergados y en cuestionar lo más grosero de la dominación en todas sus manifestaciones, favoreciendo confluencias, en perspectiva, con otros movimientos de escala planetaria.

EEUU ha contribuido sistemáticamente, en el último tiempo, como en diferentes épocas,  con recursos más o menos sofisticados, en distintos países de la región, a fortalecer  instancias decisivas de los mecanismos de dominación. Hoy lo tiene que hacer con mayor cautela en muchos planos, porque al haberse incorporado un buen sector de la población a la escena política (que antes no estaba), la respuesta meramente cuartelera, que antes era lo general, puede ser difícil de sostener. Ellos perciben esto y saben que el manejo de la opinión, vía medios de comunicación, es lo decisivo. No es una novedad, pero lo han reforzado con mayor sistematicidad. Los bloques fundamentales lo sostienen y articulan con el poder judicial. Generan así una trama que cobija el proyecto de ellos, manteniendo alguna capacidad de convocatoria.

Sin embargo, en el propio Imperio, hay un resurgir, dentro del partido demócrata, de sectores contestatarios de la juventud, que vienen a cuestionar sus principales miradas. La mayoría de las veces no sale en ningún lado, salvo casos puntuales como ocurrió en el Bronx, con Ocasio. Pero hay muchas experiencias similares. En su momento, la presencia de Sanders, quien le disputó a Hillary la interna, fue un anticipo de estos movimientos. No estaban en los cálculos del progresismo latinoamericano, lo mismo que el laborismo de Jeremy Corbyn, en el otro imperio. Son datos fuertes que definen las características y rumbos posibles del escenario mundial contemporáneo, asociados a la contundencia del avance de China.

– ¿Cuáles son los ejes, sectores y metodologías sobre los cuales debería estructurarse un bloque opositor al neoliberalismo en nuestro país?

Utilizar la fuerza ajena, como dijimos al principio, es imprescindible para mostrar la naturaleza de “este cambio”. Mostrar las mentiras, las falacias y las promesas de campaña incumplidas. Creo que otra de las tareas es estar atentos para abrir las exclusas cuando las mareas descontentas crezcan. Allí deberá haber un proceso de aportar la experiencia y a su vez no generar resquemores sobre la base de cuestiones del pasado, más o menos recientes, que puedan alejar a una parte de esa gente.

La fórmula es ser abierto y que emerjan los que den más garantías y sean más consecuentes. La máxima de que “florezcan cien flores” sigue siendo emblemática. Así se tiene que constituir el protagonismo y sus liderazgos.

Hay otra discusión que es, ¿sobre qué tipo de proyecto hacer una convocatoria? Es un tema complicado porque hay dos índoles de temas: ¿Qué es lo que se puede hacer en la periferia? Acá, como dijimos, hay que tomar las banderas de la democracia, asumirlas y llevarlas en profundidad en todos los campos. Eso significa una posibilidad de una programática bastante radical, pero asumida y definida desde lo democrático. En ese trayecto, lo educativo es crucial y vertebrador.

Por eso China sigue siendo una referencia insustituible. Se hicieron cargo de las finanzas, de la educación, del transporte, de la información y de la articulación de la vida social. Lo demás, permiten un muy amplio espacio para la producción de mercancías, y en ese curso ellos apuntalan lo que les importa, sin entorpecer los beneficios del mundo empresario, y desarrollan el desarrollo científico tecnológico como bastión principal.

En nuestro ámbito, como es imposible sustraernos de un momento de crisis, va a haber también un lugar de reflexión y eso lleva a que emerja un proceso de refundación, que permitirá generar nuevas instancias. Una refundación que no tiene que ser despreciativa con lo que fueron las últimas experiencias, al contrario, pero que también dé lugar a todas las tradiciones del campo popular Hay que ponerlas en el mismo plano. Lo único que debe quedar por fuera es el partido conservador, que hoy se llama Pro.

– ¿Qué características debería tener en cuenta esta coalición en la Ciudad de Buenos Aires? ¿Cuál te parece que puede ser el aporte a esa construcción desde el espacio de Marea Ciudadana?

Para poder pensar lo distrital hay que tener definida la cuestión nacional. Las ciudades y grandes zonas urbanas son los espacios que absorben mayor cantidad de información a través de los medios de “desinformación”. Esto las convierte en el sujeto receptivo principal. Acá, en esta Ciudad, como buena parte de la gente es letrada, lee a los grandes medios o los sigue por TV. Es más permeable a eso. De allí que es obligatorio ser pedagógicos y poner en evidencia sus falacias.

Hay que hacer que la política funcione al revés, más de abajo para arriba que de arriba para abajo. También debemos redoblar los vínculos con los partidos progresistas que fueron surgiendo en la experiencia internacional, como Podemos y las variantes de EEUU y el Reino Unido. Además, claro está, con los de nuestra región, que ya habíamos iniciado. Intercambiar experiencias y construir firmes lazos solidarios. Es necesario para avanzar con miradas confluyentes sobre cómo abordar problemas que muchas veces son similares. Sin olvidar que aprender unos de los otros, no significa copiar.

En cuanto a las confluencias en concreto, en un espacio como la Ciudad de Buenos Aires, es muy difícil definir a priori con quien me tengo que juntar. Está claro que hay que ser generosos con las tradiciones del liberalismo democrático (sean radicales o socialistas). La instancia articuladora de lo que en términos generales podemos llamar “partido”, sigue siendo imprescindible para aportar a lo que le da coherencia y direccionalidad al curso de los acontecimientos. Su mayor virtud debe ser la capacidad de escuchar y sumar las voces. La capacidad de escuchar y transmitir experiencias, es vital para las etapas que se vienen. También está la cuestión etaria, que hay que tener muy en cuenta y que no es un componente exclusivamente de acá, sino de la región y aún del planeta todo.

La experiencia emergente de Marea Ciudadana puede ser un aporte desde la tradición nacional y popular, en el sentido de buscar vincular sectores de izquierda, movimientos populares y el feminismo, “los rebeldes de nuestro tiempo”. Darse la tarea de crecer horizontalmente y vencer prejuicios construidos históricamente. El tiempo es propicio para estas experiencias.