Gobierno y Participación

LA CIUDAD FEMINISTA: entrevista a Dora Barrancos

16 agosto, 2018

por Manuela Bares Peralta y Joan Vezzato

Durante los días de profunda movilización de la marea verde, mientras en el Senado de la Nación se debatía el reconocimiento a la las mujeres y personas gestantes sobre la soberanía de sus cuerpos, conversamos con Dora Barrancos -feminista, socióloga, directora del CONICET, militante inclaudicable- sobre la Ciudad de Buenos Aires, el rol del progresismo y la ficción en las políticas públicas de Cambiemos.

 

Llamamos a Dora Barrancos días antes de su exposición a favor de la legalización del aborto en el  Senado de la Nación. Le comentamos que queríamos conversar con ella sobre la Ciudad de Buenos Aires, partiendo de su experiencia como diputada porteña en la primera  composición de la Legislatura tras la consagración de la autonomía de la Ciudad -. Con la amabilidad que la caracteriza accedió y nos pidió coordinar para fin de mes, cuando ya hayan finalizado la ronda de exposiciones en el Senado.

Su intervención de nueve minutos el 11 de Julio, es producto de la conjugación de su recorrido como militante feminista y de la potencia del momento histórico. Su presencia allí, aporta también la fuerza de una trayectoria de investigación, compromiso y militancia política, en especial por los derechos de las mujeres -Dora es reconocida junto a Nelly Minyersky, Martha Rosenberg, Marta Alanis, Diana Maffía, Mabel Bianco, como pioneras en la historiografía feminista argentina- que, según ella, se inicia durante su exilio en Brasil (en la última dictadura):

 

– Me convertí en feminista a raíz de un hecho trágico. Una maravillosa mujer de Minas Gerais, donde yo vivía en ese momento, había sido ultimada a tiros en una playa de Buzios por su compañero, quien alegaba infidelidad. Su abogado defensor, una figura prominente del derecho penal brasilero, cuando es consultado sobre cómo iba a encarar la defensa, muy suelto de cuerpo contesta: “muy sencillo, fue legítima defensa del honor. Eso me conmocionó. Yo, que abogaba por la equidad, me di cuenta que me faltaba un capítulo esencial: existía un sistema patriarcal que no sólo excluía a las mujeres sino también a las otredades que no tienen la misma cartilla masculina.

 

La contundencia de su argumentación a favor del derecho de las personas gestantes a  decidir sobre su propio cuerpo, podía hallarse ya en algunos de sus trabajos de investigación como “Mujeres entre la casa y la plaza” (2008) donde sostiene que “las mujeres deben gozar del derecho pleno a la soberanía sobre sus cuerpos, y la penalización del aborto se encuentra entre los resabios más oscuros del imperativo de sometimiento a un destino inexorable. Se trata justamente de la vida y de su disfrute digno”. Dora agregó esa mañana en el Senado, “no hay estado de ciudadanía sin determinación sobre nuestros cuerpos, es un derecho humano básico […] El 80 % de los embarazos son una contingencia, el Estado le debe devolver a las mujeres el derecho al goce sexual”

A menos de una semana de la votación que clausuró -temporalmente- la posibilidad de legalizar el aborto el mismo Senado le otorga un galardón con la máxima distinción del cuerpo político, a la eximia socióloga e historiadora y actual directora del CONICET en representación de las Ciencias Sociales y Humanas.

Dora tiene en claro que la visibilidad y la organización generada por el movimiento de mujeres trasciende  la decisión del Senado. Hay un impacto directo en la vida política argentina, que hoy expresa la necesidad de lograr representatividad de las ideas feministas:

 

– Hay ahí un ingrediente de fuste político extraordinario y todo el mundo lo está viendo. Todas las miradas más o menos politizadas dicen “está es una cuestión que hay que atender”. Ahí hay algo importantísimo, que debe ser rescatado de esa tremenda interpelación que están haciendo las mujeres. Hay algo más que apenas la resistencia frente a la posibilidad negativa del aborto, hay una urgencia extraordinaria. Que debe ser leída en término de nuevos aciertos para lo que se viene, como propuesta política del campo popular.

 

La conversación sobre la Ciudad de Buenos Aires, va tomando curso a raíz de este fenómeno que, desde aquel 3 de Junio de 2015, inundó la ciudad puerto con una marea verde que no cesó de crecer. Para Dora no  hay 2019 en la Ciudad, sin una real interacción entre quienes pretendan lograr una representatividad mayoritaria alternativa y la marea verde:

 

– La candidatura que surja debe ser una figura que se encuentre completamente entonada con esta ratio.

 

 

Dora también nos habla de la agenda pendiente del feminismo en la Ciudad “hay muchas políticas públicas que comienzan por la propia casa”.  Este puntapié da cuenta de la enorme disonancia que tiene la estructura gubernativa porteña con estas problemáticas. Dora, nuevamente, hace especial énfasis en la necesidad de abordar medidas para mejorar la cuestión preventiva de la violencia en la falta de voluntad política para aplicar la Ley de Educación Sexual Integral y sostiene que”no se trata de dar, una vez al año, una charlita sobre género”.

La charla se pausa: Dora mira para arriba, respira profundo y sigue:

 

– Se trata de realizar una nueva digestión de formación, sistematicidad y pequeños equipos tripartitos, por ejemplo, -una abogada, una trabajadora social y una socióloga- que visitan constantemente escuelas medias, que hablan, que dicen qué situación hay, que puedan prevenir, que puedan alertar ¡Sobre todo ahora! Aprovechando lo mancomunada que está la gestión estudiantil con todas estas cuestiones. Hay que hacer consejerías permanentes sobre todas las formas de violencia, no sólo en las escuelas, también en los barrios. Pero para poder realizar todo eso, falta voluntad política.

 

***

 

Si bien, Dora Barrancos nació en la provincia de La Pampa, en la localidad de Jacinto Aráuz, conoce  a la perfección esta Ciudad. En 1957 comenzó a estudiar Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Años después, se  cambiaría a la Facultad de Filosofía y Letras donde obtuvo el título de Sociología en 1968. Tras su exilio en Brasil, vuelve a la Ciudad que la verá asumir -años después- como legisladora por el Frente Grande (1994), en la primera conformación del parlamento porteño

Por aquellos años, uno de los primeros debates de los que fue protagonista la Ciudad de Buenos Aires fue el de la sanción de la primer normativa contravencional porteña  Sancionado en 1998, el “Código de Convivencia Urbana” había reemplazado a los edictos policiales y excluido las figuras que, tradicionalmente, posibilitaron un accionar policial arbitrario, como el desorden, el escándalo en la vía pública o la vagancia. Si bien este Código fue derogado en el año 2004 y sustituido por un nuevo Código Contravencional, sentó un importante precedente en materia de derechos humanos en la Ciudad. Este debate vuelve a adquirir relevancia, a partir de la presentación de un proyecto de modificación del Código Contravencional de la mano del Ejecutivo Porteño, que no sólo retoma el espíritu de los edictos policiales sino que  implica una fuerte escalada punitiva sobre el uso del espacio público.

 

– El concepto de Código de Convivencia ya enmarcaba, en ese momento, una nueva circunstancia: se trataban de normas de convivencia y de, ninguna manera,  de incidentes que tienen que ver con desregular o modificar fuertemente la interacción en la Ciudad. No se trataba de delitos, ni de faltas graves sino que  de faltas “leves”. De lo que se trataba era de una nueva arquitectura reguladora de las relaciones entre vecinos/as. En realidad todas esas fórmulas que son adversas a los buenos vínculos, tampoco son cuasi-delitos. Son mal llamadas faltas, o inconvenientes de trato o abusos de derechos. Por eso, su verdadero nombre es Código de Convivencia.

 

El nombre que recibió la primer normativa contravencional sancionada por la Legislatura de la Ciudad refuerza el espíritu con el que fue concebida: una regulación armónica y respetuosa de los derechos humanos sobre las relaciones entre vecindad. En el año 2004, el actual oficialismo porteño que, en ese momento aún era oposición, logró articular la mayoría necesaria para reemplazarlo por un nuevo Código Contravencional que tenía una impronta mucho más punitiva que su antecesor.  

 

– Ese traspié que se dió modificando conceptualmente el nombre del código, ya habla por sí mismo. Porque hay una esfera interseccional que califica de cuasi-delito a los percances que tiene la interacción en la Ciudad.

 

Sobre esta nueva reforma del código, Dora es contundente:

 

– Es una barbaridad. En realidad si hay algo que sale de la zona del conflicto interactivo, pasa a una situación de delito o cuasi-delito que se conforman desde otro lado. Este código no tendría nada que ver con las sanciones tan coactivas como aprisionar a alguien. Se está convirtiendo en una forma pro-edicto, eso interviene claramente con el Código Penal. Si hay agravantes va al Código Penal, sino no es Código de Convivencia. El Código Contravencional no puede configurar un Código Penal.

Tomar como averías en la convivencia al cuidacoches o al limpia-vidrios, implica presumir que es “un delincuente disfrazado de”. Semejante discriminación lesiona la Constitución de punta a punta. Se presume que hay una indización, por un oficio que está determinado por la no posibilidad de tener otros.En un contexto de plausibilidad de estado de derecho, es imposible percibir esto como propuesta siquiera. El delito de suplantación de la identidad es una vergüenza que vaya al Código Contravencional, cuando es claramente un delito penal. El agravante  sobre las figuras contravencionales referentes a los cuidacoches y a los limpiavidrios en el caso en que el servicio sea ofrecido a mujeres, personas con discapacidad o mayores es tan grave que no me animo a expresar siquiera una ironía. Es un disparate. Son propuestas que están abajo de la crítica, no deberían implicar una discusión

¿Por qué no terminan de determinar que los pobres son potencialmente delincuentes? Lo ponen en la norma y listo. Que lo digan, que dada su situación social estarían en situación proto-delictiva ¡Es aberrante! Me produce tal indignación que es difícil guardar cordura.

 

Dora demuestra el malestar que le generan las consecutivas victorias de la Alianza de Gobierno en la Ciudad y nos habla del efecto de la “ficción de la obra pública” sobre el electorado:

 

– Esta idea de construir y demoler constantemente es el equívoco de la obra pública. Por ejemplo, si se pudiera resolver en esta Ciudad el problema del tránsito que es endemoniado, pero sin embargo acá la cuestión está por abajo y no han hecho casi inversión. No se puede arreglar el transporte sin una estructura subterránea. Por eso digo que falsifican por arriba lo que no han hecho por abajo.

 

***

 

Construir una alternativa de gobierno, la encrucijada progresista

 

 

– Es difícil desentrañar las razones más profundas por las que se invirtió el elemento progresista en la Ciudad. No es que se ha ido ese elemento, sino que quedó como evanescente…

 

Conoce a la perfección aquello de lo que nos habla. Dora fue legisladora porteña por el Frente Grande, un espacio que tuvo un rol preponderante en la Asamble Constituyente y que, poco tiempo después, tuvo su primer Jefe de Gobierno -Aníbal Ibarra (2000)-. A partir de las elecciones de 1993, cuando fueron electos Chacho Álvarez, Graciela Meijide (CABA) y Pino Solanas (PBA), el Frente Grande logró representar una porción importante del electorado porteño identificado con un ideal progresista y de ampliación de derechos, consagrándose como primera fuerza durante las elecciones para la Convención Constituyente de la Ciudad en 1996. Este avance del progresismo en la Ciudad da cuenta de lo que quedó plasmado en la ley suprema:

 

– La Constitución de la Ciudad era y sigue siendo la más avanzada en su diseño. En lo que respecta a garantías, a participación ciudadana y  a derechos sociales…

 

Dora no duda que ese componente progresista persista aún hoy, pero considera que la forma en la que terminó el gobierno que logró representarlos, expresa todavía sus consecuencias:

 

– El fin de Aníbal Ibarra fue una catástrofe para progresismo. Cuándo un régimen progresivo encuentra esta circunstancia de implosión, el costo es mucho mayor que para las fuerzas retardatarias. Ya ha pasado mucho tiempo y aquí hay que acertar con una candidatura que no sea una promesa vana en torno a la propia Ciudad.

 

Ella introduce la palabra “candidatura” en la conversación. Por estos días, es un tema que inquieta ciertos fantasmas. El micromundo de la política suele ser muy susceptible frente a los posicionamientos u opiniones de figuras públicas. Dora lo aborda sin sobresaltos y continúa:

 

– Esta es una Ciudad muy adversa al peronismo y tal vez la constitución de un elemento muy anti kirchnerista en la Ciudad, es lo que ha devenido en un apoyo a Cambiemos. Es más por antipatía al contexto kirchnerista que por simpatía a este grupo. Yo tengo la impresión que todo esto tiene un deshilache y que, si bien no es fácil, se va poder ir construyendo cada vez más una alternativa.

Para eso, no me parecen que hayan sido acertadas algunas elecciones que hemos hecho en algunas candidaturas -por mucho cariño y simpatía que yo tenga-. Creo que hay que deponer cualquier narcisismo y pensar bien. Ahí, hay algo que pensar de manera mucho más poliédrica.

 

“Poliédrica”, queda dando vueltas en el aire. Muchas caras. Le preguntamos a Dora cómo se imagina esa construcción opositora, que se constituya en una real alternativa de gobierno

 

– Hay que hacer, por ejemplo, un análisis mucho más profundo de cada una de las comunidades. Hubo una gran transformación en las comunidades que habitan la Ciudad de Buenos Aires. Aquellas que antes opinaban a favor de figuras más progresistas, en este momento están muy refractarias.

La comunidad judía ha sido históricamente muy importante. Es una comunidad que tiene una fusión cultural muy notable y que ha sido impulsora de culturas alternativas. Gran parte de la comunidad judía se ha convertido en una comunidad muy conservadora. Yo no dejo de pensar que ahí hay algo que ha gravitado.

Es una comunidad que ha fundando sentidos extraordinarios para la renovación cultural, para el progresismo y para todas esas confianzas en ciertas solidaridades. Ahí hay una transformación que tiene mucho que ver con el plano internacional -con relación al Estado de Israel-, que genera una conformación que es muy disonante para una parte de la comunidad, pero que al final hay un cierto desacuerdo muy importante con lo que funge en alguna diatriba con el estado.

Hay que examinar a todas las comunidades, tomo está, porque me parece muy gravitante.

Otra cuestión, tiene que ver con que hay que tomar dimensión que la Ciudad tiene una población añeja. Es una Ciudad que modifica muy poco su población y que tiende a aumentar la edad promedio. Asimismo, las poblaciones más adultas expresan una identidad más conservadora. Han constituido bastiones importantísimos en el voto a Cambiemos. Señores y señoras jubiladas encantadas con estos señores, aunque hoy quizás con el deterioro de los ingresos está más difícil. Allí hay una parte de la población a la que hay que llegar.

Entonces, ¿cómo hacer que brote una candidatura que sea capaz de contener  las expectativas de diferentes grupos, que antes estaban más cercanos al progresismo? Yo creo que lo que hay que hacer, es trabajar para una conformación entre los diferentes campos populares en orden a un acuerdo electoral para el próximo año.

 

Después de casi una hora y media, nos despedimos de Dora. Nos confiesa que está nerviosa por que, en pocos días,  el Senado pondrá en tratamiento la ley de legalización del aborto y admite que viene difícil pero que, aunque no salga, el movimiento feminista ha logrado conquistar la agenda pública desde las calles. Si bien, días después, los votos afirmativos no alcanzaron para aprobar la ley, tal como dijo Dora en una entrevista televisiva “ganamos las calles, ganamos la subjetividad, a partir de esto la vida de las mujeres ya no es la misma”.