Notas e informes

JOSÉ CRUZ CAMPAGNOLI: “NUESTRO OBJETIVO EN LA CIUDAD DEBE SER GANAR LAS PRÓXIMAS ELECCIONES”

13 julio, 2018

Conversamos con José Cruz Campagnoli, presidente de Nuevo Encuentro Ciudad de Buenos Aires y dirigente porteño, sobre las posibilidades de construir un polo opositor en la Ciudad que pueda plantearse como alternativa a Cambiemos y ganar las elecciones en el 2019. Además, charlamos sobre la región y como debe reconfigurarse el proyecto popular.

  • Desde que finalizó tu mandato como legislador porteño, te abocaste al intercambio con las fuerzas populares de la región y participaste en algunos de los procesos políticos. ¿Qué balance haces sobre este recorrido?  

Desde el triunfo de Macri en Argentina, la destitución de Dilma Rousseff en Brasil y los intentos de golpe de estado en Venezuela, se configuró un panorama regional donde los grandes grupos económicos, los establishments regionales y los mass-media, firmaron el certificado de defunción de los proyectos populares. Yo creo que tal fin de ciclo no existe, que hemos sufrido derrotas pero que estamos frente a un escenario en disputa: actualmente la derecha tiene un gran dificultad para afirmar un proyecto de carácter hegemónico, a diferencia de lo que pasó en los 90.

Hoy, esos modelos de la “nueva derecha” presentan graves dificultades para arraigarse en las poblaciones donde se están llevando adelante, como es el caso de  Argentina y Brasil Y por otro lado hubieron novedades interesantes: Colombia -donde una fuerza progresista (como la que impulsó a Petro) sacó 40 puntos en el ballotage-, Paraguay -donde las fuerzas opositoras también lograron expresar a buena parte de la sociedad opositora-, Chile -con la emergencia del Frente Amplio- y México -con la victoria de López Obrador-. Lo mismo en Venezuela que, pese a la guerra económica, Maduro obtuvo su reelección.

Estos sucesos dan cuenta de un escenario en disputa en donde los proyectos progresistas tienen vigencia. Me parece que el neoliberalismo no tiene nada nuevo para ofrecer, solo calamidades.En general, el capitalismo fue “exitoso” cuando fue  portador de novedades. Hoy no tienen nada nuevo que ofrecer, son servidores de pasado en copa nueva.

  • ¿Cuáles crees que son los riesgos de que perdure este “empate” en la región?

El riesgo es que, si no logramos estructurar proyectos populares amplios que logren frenar estos avances, la derecha en el poder puede generar Estados fallidos. La idea de estados fallidos, es la idea de estados que son inviables, que no funcionan, que se desarticulan dejando tierra arrasada.

En la Argentina estamos viendo que esa derecha, que algunos la caracterizaban como “una derecha moderna y novedosa”, termina repitiendo el plan económico de Martínez de Hoz (aumento de tarifas, apertura de importaciones, aumento de precios, endeudamiento para facilitar la fuga de capitales y financiarización de la economía). Tenemos el riesgo que en pocos años la Argentina se parezca a los 80, con altísimo nivel de endeudamiento, déficit de cuenta corriente, e inflación sistémica. Un país con un chaleco de fuerza.

Lo interesante es que, en la Argentina, hay una tradición de lucha muy importante y un pueblo con una altísima capacidad de movilización, que funciona como dique o freno al avance de las políticas que Macri quiere instrumentar. El caso paradigmático fue la movilización por la Reforma Previsional, donde se expresó en la calle una oposición tenaz que, luego, se vio reflejada en el Congreso.Esa coyuntura marcó un punto de inflexión y significó para Macri un triunfo parlamentario pero también una derrota política.

La Argentina tiene una historia muy profunda en defensa del sistema de derechos, y si bien nosotros no pudimos establecer una hegemonía duradera en los últimos 70 años ellos tampoco, y no es poca cosa.

Hoy el gran adversario de Macri es él mismo y su modelo: con su política de endeudamiento sometió al país a una vulnerabilidad externa tan alta que cualquier modificación de la tasa de interés en EEUU es una bomba para la economía doméstica. Tenemos un Gobierno que hace dos meses anunciaba con bombos y platillos la reelección y hoy nadie puede hablar con seriedad de que la reelección de Macri sea algo asegurado.

Empieza a quedar claro que este Gobierno lo único que tiene para ofrecer son más penurias para la sociedad, tasas de interés del 45% y aumentos de sueldo del 15%. Es decir, un país donde te conviene timbear en vez de trabajar. Un Gobierno que habla de la cultura del esfuerzo y de generar confianza y sus funcionarios tienen toda la guita afuera. La verdad es que el relato le empieza a hacer agua por todos lados ya no alcanza con los trolls, Clarín y Duran Barba.

  • ¿Qué creés que está en juego de cara a las elecciones del año que viene? En este contexto, ¿cuán importante es ganar?

Frente a este nuevo escenario, debemos generar los mayores esfuerzos y construir en la argentina un gran polo político, sindical y social que tenga dos objetivos: ponerle límites al ajuste que se viene por el acuerdo con el FMI -que va a impactar mayoritariamente sobre los sectores populares- y articular una nueva mayoría que  tenga capacidad para derrotarlos el año que viene en las urnas. Primero derrotarlos en las calles, para después generar ese correlato en las urnas.

Sin lugar a dudas, nuestro objetivo debe ser ganar las próximas elecciones, con el candidato o candidata que exprese una plataforma lo más anti-neoliberal posible y con oportunidades reales de ganar. Terminar con esta trágica experiencia es clave: ya que cuatro años más de Cambiemos nos conduciría a una especie de “chilenización” de nuestro país como hizo Pinochet en Chile y luego continuó la Concertación: imponer la idea que si no tenés plata no tenés derecho a estudiar, ni a acceder a la salud, entre otras cosas. Entonces, ganar el año que viene es fundamental. Nuestras energías, tienen que estar al servicio de construir esta nueva mayoría.

  • ¿Cómo se construye esa nueva mayoría en la Ciudad?

En la Ciudad de Buenos Aires me parece que los sectores agraviados por las políticas de Cambiemos son cada vez más grandes. Hace mucho que no pasaba pero ahora encontrás  amigos que se quedaron sin laburo, o que pagan el mínimo de la tarjeta después del vencimiento o que pagan la luz cuando llega el aviso de corte. Si vas por Congreso de noche ves cientos y cientos de personas haciendo cola todas las noches para recibir un plato de comida caliente. Sinceramente hacía muchísimos años que no veía eso.

Además, seguimos viajando en subte como ganado y con una tarifa que quieren aumentar permanentemente. Este maltrato constante del Gobierno, va generando una sensibilidad opositora cada vez más grande. Lo escuchas en la verdulería, en el subte, se percibe en la calle.

Me parece que el desafío es articular y representar a esos sectores  para construir un proyecto de Ciudad más solidaria, más amigable, más integrada y con perspectiva de futuro, donde trabajar no sea un privilegio sino un derecho y que además nos permita  planificar nuestra vida sin el castigo de no llegar a fin de mes o de privarte cada dia de mas cosas.

Las fuerzas políticas que nos oponemos al proyecto político de Cambiemos debemos salir de la lógica casi inercial, de que estamos condenados a ser minoría eternamente y empezar a construir una nueva mayoría que logre articular al 50% de la sociedad que de ninguna manera votaría a Cambiemos.

Esta nueva mayoría debe representar a las nuevas subjetividades que adquirieron mucha potencia en los últimos tiempos como el movimiento feminista, el estudiantil, la economía popular, muchísimos trabajadores y trabajadoras sindicalizados recientemente. Estos fenómenos son producto de un sistema de derechos que se puso en marcha durante los doce años de kirchnerismo y que, sin dudas, dejaron una huella profunda. Lo que hay que hacer, es tratar de que estas expresiones se conviertan en potencia política y que adquieran representación, para poder gobernar la Ciudad. No es un camino fácil, pero estoy seguro que es posible y por sobre todo necesario.

Tenemos que pensar las representaciones en función de los procesos políticos. Las ideas y valores son inalterables pero las formas, los estilos y las personas tienen que adaptarse a las nuevas exigencias y nuevas demandas que el momento histórico nos exige. Tenemos que dejar de pensar como una fuerza del 20%, que va a ser minoría eternamente, eso genera apatía y desánimo en la militancia. Y además le facilita las cosas a Cambiemos.

  • ¿Crees que es posible construir una propuesta política que sea capaz de vencer a la coalición de gobierno en la Ciudad?

Lo que sucedió en las últimas elecciones puso de manifiesto que las terceras vías -representadas por Massa, Urtubey y Lousteau- perdieron un gran porcentaje de representatividad, agudizando el corte entre Cambiemos y los/as perjudicados/as por sus políticas. En el caso de Lousteau, ahora que su espacio político está culminando un proceso de integración a Cambiemos, los votos que cosechó ¿se los lleva todos? Yo no creo. Hay un espacio opositor que queda vacante de representación y debemos tender puentes para interpelarlo.

En las elecciones del año 2015, con Macri en la cresta de la ola, Horacio Rodríguez Larreta  casi pierde la última elección. ¿Por qué el año próximo Cambiemos no puede perder frente a una coalición opositora?

Entonces, ¿por qué no pensar que hoy podemos articular un polo opositor que sea capaz de ganarles la Ciudad? Me parece que hay que ser audaces y salir de la zona de confort de minoría intensa, y tender puentes con los diferentes, con los y las que no piensan exactamente como nosotros pero que nos une la idea de vivir mejor.

  • ¿Cuáles son las demandas que debe levantar la propuesta política que exprese una alternativa al oficialismo en la Ciudad? ¿A través de qué políticas públicas se expresaría?

Cada vez es más difícil hacerle frente a los aumentos de tarifas, a los $ 2,500 o $ 3,000 pesos de te vienen de luz o de gas. A los alquileres que aumentaron un 35% anual, mientras los salarios apenas superan el 15%. Rodríguez Larreta no es víctima de las decisiones que toma Mauricio Macri, sino que es su socio.

Larreta intentó aumentar las tarifas del subte a $ 12,50, este aumento está frenado por un amparo judicial. Mientras las ciudades más modernas del mundo están evaluando llevar las tarifas del transporte público a $ 0, la Ciudad de Buenos Aires tiene un sistema de transporte colapsado. Es necesario construir un sistema de transporte público eficiente, confortable y con tarifas tendientes a cero que permitan descomprimir el tránsito y desalentar el uso de automóviles. En la Ciudad, se continúan aumentando las tarifas y no se invierte casi nada. Somos la Ciudad con menos kilómetros de subte de casi todas las redes de América del Sur: Santiago tiene 114 km, Caracas 70 km, San Pablo 79 km y Buenos Aires tan sólo tiene 61 km -cuando fue la primera red de subterráneos en América, después de la ciudad de Nueva York-.

Este Gobierno no está preocupado en resolver los problemas más sensibles que atienden a los ciudadanos. La Línea B está colapsada, en parte, porque tuvieron que retirar trenes que compraron como chatarra a España y que venían con un material cancerígeno llamado asbesto y ahora se está analizando si no está también las formaciones de la Línea D.

La mirada sobre el transporte público es preocupante, si pensaran en perspectiva deberían avanzar en terminar de sanear el Riachuelo y analizar si no se pueden desarrollar vías fluviales de transporte de pasajeros -por ejemplo de Puente la Noria a La Boca- como tienen Nueva York o Río de Janeiro.

Mientras tanto la Ciudad se vuelve un territorio cada vez más hostil. Ahora quieren modificar el Código Contravencional para aumentar las sanciones y perseguir a distintos sectores de la Ciudad de Buenos Aires que consideran “peligrosos e incómodos”. Vemos cómo golpean violentamente a los vendedores senegaleses con una impunidad altísima o vemos como reprimen a trabajadores del Subte cuando hacen una huelga.

Hay que pensar una Ciudad que sea más amigable y Larreta está pensando únicamente en una Ciudad que se administre prolijamente, que actúe como soporte del programa de ajuste de Macri y que los costos no le impacten en su carrera a la presidencia.

  • ¿Qué rol debe ocupar el kirchnerismo en la Ciudad -y en especial la fuerza que representas- en la conformación de ese polo opositor?

Los procesos históricos son los que marcan la agenda. Generar agenda es percibir las demandas sociales y articularlas desde tus ideas y valores: desde el kirchnerismo tenemos que asumir ese desafío. Tenemos que abrirnos

El kirchnerismo no es una idea cerrada, es un fenómeno dinámico, abierto. Néstor decía que florezcan mil flores, y esas mil flores están floreciendo, lo que no se puede hacer es querer meter las flores en un vivero. Así no hay primavera posible. Mirá, cuando Cristina lanzó Unidad Ciudadana en Arsenal pretendió hablarle a los y las agraviadas por el ajuste, no solo a los propios. Para mi ese concepto tiene vigencia.

En esta etapa, nuestro rol es colaborar con la construcción de una nueva mayoría en la Ciudad de Buenos Aires. Por lo tanto, la agenda tiene que nutrirse de lo que sucede en la Ciudad en permanente diálogo con los grandes problemas de nuestro país.. Los cacerolazos contra la Reforma Previsional surgieron en la Ciudad, las multitudinarias movilizaciones impulsadas por el movimiento feminista tienen un fuerte componente de mujeres que viven, trabajan o estudian en la Ciudad, las marchas de miles y miles de estudiantes terciarios contra el cierre de los 29 profesorados, la Ciudad tiene mucho para dar.

Sinceramente, no estoy de acuerdo con la idea que la Ciudad es “genéticamente” de derecha, porque nos lleva  a pensar que no podemos ganar nunca con nuestras ideas. Esto tiene dos riesgos, derechizarte para ganar, o convertirte en una fuerza  pura pero sin vocación de mayorías.

Muchas veces, esta idea de “ampliar” para ganar, la enunciamos pero nos cuesta ponerla en práctica. Eso es lo que debemos replantearnos. Tenemos que ser representantes del futuro, transmitir esperanza.

Una fuerza que queda anclada en el pasado, es una fuerza que pierde capacidad y potencia para interpretar los nuevos fenómenos y se vuelve conservadora.. Una fuerza que se desentiende de la historia es un barrilete. Nosotros tenemos raíces en la historia y  un legado que nos constituye como fuerza, desde ahí tenemos que construir el futuro dialogando con los desafíos del presente. La coyuntura actual nos obliga a tener la plasticidad suficiente para interpretar los nuevos fenómenos y nutrirse de ellos.

Hay miles de militantes de diversas organizaciones y otros tantos por fuera de las organizaciones que tienen búsquedas similares y hoy no se se sienten convocados. Tenemos que juntarnos. Hay mucho para hacer.