Gobierno y Participación

“NO HAY UN ÁMBITO EN LA CIUDAD PARA QUE TODO LO QUE NO ES MACRISMO PUEDA HACERSE PÚBLICO”

5 julio, 2018

Conversamos con Sebastián Mauro, director del CEAP -Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA)- sobre la política en la Ciudad de Buenos Aires, el macrismo y las alternativas de Gobierno. 

– ¿Cómo se conformó la hegemonía PRO en la Ciudad?

En primer lugar, un rasgo organizativo del PRO es que es una red, círculos con-céntricos alrededor de Macri. A su vez, también hay atajos en esos círculos para llegar a la relación con el gerente del partido, el líder. La búsqueda es sumar anillos alrededor de Macri, por ejemplo, ahora el intento de sumar a la UCR Capital (con Lousteau) como antes cuando se conformó Compromiso Para el Cambio (PRO) era con el Partido Justicialista.

El PRO se instala en la Ciudad de Buenos Aires como una alternativa a la crisis del 2001, estructurando su relato en torno a la idea de que “la culpa de esa situación, es de los políticos, que no quieren hacer las cosas que tienen que hacer”. Como contrapartida, el kirchnerismo ofrecía una lectura alternativa en torno a qué había pasado en el 2001.

A su vez, se ubican estratégicamente en un sistema político que era muy permeable a nuevos actores, porque había explotado. De la Rúa cae, y aunque no cae el Jefe de Gobierno de la Ciudad, todos los partidos políticos porteños desaparecen (no formalmente, pero sí su representatividad). Recordemos que cuando la Ciudad se autonomiza, aparece el partido de (Gustavo) Béliz, los que se habían ido con el FrePaSo -PAIS con Bordón e Irma Roy-, el peronismo que jugaba con Scioli, el Partido Socialista, Acción por la República, e Ibarra queda continúa su mandato sin partido. Todo eso se rompe.

Cuando Ibarra asume en 2003 su segundo mandato -a los quince días-, el bloque de Compromiso para el Cambio (PRO) lo fuerza a aprobar una reducción de impuestos en la Ciudad y a los seis meses, el mismo bloque, propone reformar el Código de Convivencia Urbana que había aprobado la primera Legislatura -con De la Rua como Jefe de Gobierno y legisladores/as como Dora Barrancos, Raúl Zaffaroni-. En ese momento, suceden una serie de conflictos en la calle, donde se prende fuego la entrada de la Legislatura.

Esto explica cómo, un partido como el PRO -que agarró a los peronistas que se habían quedado huérfanos con Scioli (cuando fue como vice), a los de Acción por la República y distintos requechos, en un espacio hecho para ganar elecciones- sobrevivió una etapa de cuatro años sin ser gobierno. Solamente por la responsabilidad de Ibarra y el “muñequeo” permanente de cada victoria en la Legislatura, permitió que se sostenga ese espacio y luego en 2005, se perfila claramente la posibilidad de ganar la Ciudad.

Otro de los errores, fue creer que el macrismo era un sector que representaba solamente a los ricos. En 2007, se discutía quién era el que iba a derrotar a Macri (porque ya se sabía que iba a perder). En la elección que ganan la Ciudad, el triunfo se lo da una parte del electorado del cordón centro -recordemos que en algún momento la Ciudad estaba conformada por: el norte anti-peronista y conservador, el sur peronista y un cordón centro que eran barrios progresistas- y después, empezó a ganar en los tres sectores, hasta el día de hoy.

– ¿Cuáles son los rasgos identitarios desde los que el PRO logró articular esos tres sectores que componían la Ciudad?

Si hay una identidad macrista, se define por oposición al kirchnerismo. En el trabajo de Vommaro (Gabriel) que estudia una parte específica del PRO -como es el G 25-, explica el rol importante que jugó para la intervención de los empresarios, la idea de “si no se meten esto se va a convertir en Venezuela”. Es decir, “hay que meterse por que los políticos nos van a llevar a otro desastre, como ya nos llevaron al 2001”, “los políticos ya nos fallaron”.

Esa mirada también venía con López Murphy, pero el PRO adopta una estrategia más inteligente, que se basa en dos cosas: ver en dónde podían hacerse del control del aparato Estatal -mientras López Murphy quería seguir en el modelo de constituir sólo un liderazgo de opinión- y la otra cuestión es construir una relación muy cercana con el aparato del peronismo -por ejemplo en el sur de la Ciudad (el mismo momento que rompe Kirchner con Duhalde)-. Si bien, hoy en el Gobierno Nacional reflejan un convencimiento anti-peronista, esa estrategia la abrazan cuando ven que la cercanía, no les da más fruto para su crecimiento.

La decisión de no sostenerse sólo como un liderazgo de opinión (lo que hizo el ARI), les permitió sobrellevar la maleabilidad de los climas de opinión -que un día van para un lado y otro día para el otro, llevándose los votos y cambiando la estructura de poder-. Ellos fueron directo a la conquista de un Gobierno, decidieron en qué distrito y apostaron a eso para hacerse también con los recursos que implica. Como partido distrital lograron cohesión del grupo político heterogéneo y a partir de allí salieron.

A su vez, el PRO es muy flexible y no parece hacerle ruido las contradicciones, porque la única realidad que hay ahí, es el antagonismo. Lo que importa es que están en contra de los otros (el kirchnerismo).

– Más allá del posicionamiento antagónico al Gobierno Nacional ¿Cómo jugó la agenda porteña en la consolidación de ese espacio?

En primer lugar, la Ciudad es un distrito muy particular. Pensémoslo en comparación con el Partido Socialista en Santa Fe -también llegó como una tercera fuerza que agarra el gobierno en una provincia-, aún cuando es un distrito que tiene recursos y no depende enteramente del financiamiento nacional, gobernarla tiene ciertas complejidades diferentes.

Por ejemplo, el vecino de la Ciudad no entiende bien a quien atribuirle responsabilidades. Es importante entender allí el proceso de “autonomización imperfecta”, donde no queda claro el rol del Jefe de Gobierno en ciertos temas y tampoco el de la Nación. Ese juego, el macrismo lo usó con bastante inteligencia: cuando no querían dar discusiones nacionales por no se sentían bien plantados, dejaban jugar la beligerancia del Gobierno Nacional y ellos se mostraban como personas racionales que contribuyen al diálogo; y cuándo había que pelearse, la Ciudad siempre tiene el plus de tener más recursos, ser más chica y más homogénea.

La agenda de la Ciudad es bastante reducida con respecto a las provincias, no hay pelea por los recursos naturales, no hay actores dentro del propio sistema político (porque no hay intendentes), a su vez, hay un montón de competencias que no estaban transferidas y que el gobierno nacional no supo aprovechar lo que hacía ahí, para visibilizarse políticamente en el distrito.

Por otro lado, hay una tradición en las grandes ciudades a ser contraria al gobierno nacional y una cuestión cultural vinculada a refractar el peronismo o aquello que lo represente -como el kirchnerismo-. Lo que faltó fue un actor político propio de la Ciudad que se defina como progresista. Ese lugar lo tuvo que ocupar -incómodamente- el kirchnerismo y eso no funcionó en ese momento. Menos va a funcionar ahora, donde es una fuerza vista desde afuera como compacta y sin capacidad de ampliar.

– Cuando el FrePaSo desaparece, el sector progresista de la ciudad que quedó huérfano. Quizás esa representación la levantó en algún momento Lousteau, que ahora se está integrando al macrismo en la Ciudad ¿creés que ese sector pueden ser interpelado por el kirchnerismo?

Hay un politólogo francés que se llama Pierre Ostiguy, que divide la política argentina en cuatro cuadrantes: alto y bajo (en un clivaje élite/popular) e izquierda y derecha. Creo que el cuadrante vacante, es el de la izquierda alta, que quizás se inclina más por su definición anti-popular que su definición de izquierda. Creo que es más fácil que ese sector encuentre un representante “razonable”, a que forme un frente con el kirchnerismo.

– Quizás hay rasgos que se logran captar de ese cuadrante y representar temporalmente. Por ejemplo, si uno piensa ¿qué tienen en común Martín Lousteau, Pino Solanas, Luis Zamora y Elisa Carrió para expresar ese sector? Podría decirse que fueron actores que con una mirada sobre la honestidad o la transparencia, lograron una adhesión de ese cuadrante en distintos momentos.

Absolutamente, y a su vez, muestran lo lavado que está ese cuadrante respecto a los problemas de política pública. Porque, si bien uno de los temas es el honestismo, podría pensarse que otro es la defensa de lo público. Pero, la defensa en los términos en los cuales se enarbola: “salud y educación”; es una defensa bastante vacía y puede prestarse a los discursos más inocuos posibles.

– Vos decías que el PRO administraba bien la relación con el Gobierno Nacional y decidía cuando correrse y cuando mostrarse, respecto a la ambigüedad que genera esa “autonomización imperfecta” ¿Cómo se da esa interacción ahora que gobiernan tanto la Ciudad como Nación y Provincia de Buenos Aires?

Un lugar que hay que considerar ahí es el rol de los medios. Cuando uno piensa cómo te posicionás y sobre todo, en dónde, la principal arena que hay de llegada a la ciudadanía en las grandes ciudades son los medios de comunicación. Allí, Rodríguez Larreta apuesta a la invisibilidad y a la indiferenciación, es decir todas las críticas y elogios, se los lleva Macri.

– ¿Creés que la oposición tiene condiciones para construir una propuesta alternativa?

El problema para mi es que no hay un ámbito para que “todo lo que no es macrismo” pueda hacerse público. Es decir, algo que pueda romper con la lectura aritmética (este tiene tales votos, más el otro que tiene otros) y que exprese lo que sucede en el calle, una parte de la ciudadanía movilizada que no encuentra representación.

No veo que el descontento nacional pueda decantar en una articulación de eso si la propuesta alternativa es una propuesta peronista. Creo que el porteño promedio piensa “echo al Presidente a protestas, antes que votar otra cosa”. Como la elección de 2001 en la Ciudad donde el mayor porcentaje fueron votos nulos y en blanco.

Creo que no hay forma de articular eso con algo nuevo, sin alguna visibilidad. Esto vuelve sobre el tema de los medios. Quizás el movimiento de mujeres puede dar una candidatura.