Derechos humanos, seguridad y convivencia

RADIOGRAFÍA DE LA VIOLENCIA MACHISTA

7 junio, 2018

Hablar de violencia de género es hablar de cómo se estructura la sociedad, tal como la conocemos y la transitamos. De alguna u otra manera, opera en nosotres como un ordenador social. Está basada en relaciones desiguales de poder y puede tomar formas muy diversas que van desde conductas, omisiones, criterios, prácticas discriminatorias hasta acciones concretas. Todas tendientes a poner a las mujeres, lesbianas, travas y trans en desventaja respecto del varón cisgénero.

Esta desigualdad de poder genera relaciones de dependencia y de violencia en las que inercialmente nos manejamos. Es inercial, porque la posibilidad de terminar con esas dependencias se va construyendo día a día. El 3 de Junio de 2015, marcó un hito para muchas en la larga y persistente historia de luchas de los feminismos en nuestro país, más de 80 ciudades argentinas tuvieron ese día la primera expresión de lo que se convertiría en la infaltable movilización del movimiento de mujeres, lesbianas, travas y trans. La consigna #NiUnaMenos caló profundo. Hoy todas sabemos que el femicidio es la expresión más brutal de la desigualdad de géneros pero que las asimetrías operan cotidianamente y casi de manera naturalizada en nuestras vidas.

Esta visibilización sacó las situaciones de violencia del closet y empujó a que se hicieran denuncias públicas a músicos, compañeros de trabajo, de militancia, parejas de años, de meses, de semanas y relaciones sexoafectivas ocasionales.

Las mujeres, lesbianas, travas y trans de la Ciudad de Buenos Aires que respondieron la encuesta realizada por el Colectivo #NiUnaMenos en el 2016 aportan datos que evidencian estas violencias y asimetrías de género que atraviesan nuestra cotidianeidad.

El 93% afirmó que se ha sentido acosada en espacios públicos y de acceso público, el 86% que vivió experiencias de estigmatización y el 78% situaciones de discriminación. Además el 65% indica que vive amenazas e intimidaciones en pareja y el 52% maltrato físico. Además 1 de cada 3 detecta situaciones de violencia contra la libertad reproductiva dentro de la pareja y el 58% atraviesa situaciones de imposición sexual.

Otro dato que tomó estado público a partir de la masificación del movimiento feminista es la brecha salarial entre varones y mujeres en lo que respecta a trabajo remunerado, una diferencia a favor de los varones que hoy en la Ciudad de Buenos Aires trepa a un 27%. A esta brecha se suman las tareas de cuidado y trabajo doméstico que recaen sobre las feminidades y que representan la doble jornada laboral.

Como éstas, son muchas las acciones u omisiones que funcionan y operan cotidianamente sobre nuestros cuerpos. Estas acciones aparentemente provienen de esferas heterogéneas pero tienen el mismo denominador común: violencias y desigualdades de género propias de esta sociedad heteronormada y machista. La violencia no sólo es visible en acciones específicas sino a través de los mecanismos de disciplinamiento y mandatos que se nos son impuestos: las cosas que podemos hacer y las que no, cómo nos podemos vestir, en qué podemos gastar nuestro dinero, qué trabajos podemos realizar, si tenemos que ser madres y cuándo, de qué maneras nos podemos vincular entre nosotras o con varones, qué familias debemos formar, en qué usar nuestro tiempo libre, entre muchas otras.

Como estos mecanismos son estructurales, la violencia en el cuerpo de las mujeres son muchas y en varias ocasiones se encuentran invisibilizadas. Si bien, el Gobierno de la Ciudad tiene la obligación de aplicar políticas transversales para revertir la desigualdad estructural de género -Ley N° 474 “Plan de Igualdad de Oportunidades”-,actualmente, en la Ciudad son casi nulas las políticas dirigidas en este sentido y el presupuesto destinado a la atención de situaciones de violencia se vio drásticamente reducido.

En el Informe antes mencionado se relevó también el conocimiento y uso por parte de las encuestadas de las Líneas de Ayuda y Lugares de Asistencia. El 95% alguna vez transitó situaciones que hubiesen requerido acercarse a una institución en busca de ayuda. Sin embargo, aproximadamente el 50 % de las entrevistadas desconoce la existencia de Líneas telefónicas de ayuda y de la OVD -Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación- como lugar a donde recurrir. Mientras que, más del 70%, dijo conocer la posibilidad de recurrir a la comisaría, pero no haberlo hecho.

Otra encuesta, publicada por el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat en el año 2016, aporta información en el mismo sentido. Sólo 3 de cada 10 mujeres que han experimentado situaciones de violencia lo comparten con alguien, mientras que 1 de cada 10 acude a una institución pública. En estos casos, las comisarías son el principal recurso señalado por las mujeres -sin embargo solo recurren a ellas menos del 5% de las mujeres encuestadas- y las instituciones del poder judicial son poco conocidas.

Los datos relevados en el Informe realizado por el Gobierno de la Ciudad indican que los servicios no llegan a todas las que lo necesitan. Por ello, es preciso reforzar los mecanismos de difusión e información sobre la existencia de ámbitos de ayuda, revisar los horarios y formas de atención y la efectividad de las intervenciones de las instituciones.

Si tomamos los datos de femicidio brindados por la UFEM -unidad fiscal especializada en violencia contra las mujeres y personas LGBTI- entre los años 2010 y 2015 se puede observar una relación en la que aproximadamente la mitad de los asesinatos de mujeres, lesbianas y trans se tipifican como femicidios por haber tenido su causal en la condición de género de la víctima. Los femicidios en la Ciudad han sido 12 en 2010 y 18 en 2015, con un descenso a 7 en 2013.

Todos los datos que surgen de las encuestas son contundentes y reflejan la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran las mujeres, lesbianas, travas y trans de la Ciudad. Esto da cuenta de la necesidad de contar con Políticas Públicas integrales, que de una vez por todas se dirijan a brindar soluciones reales a estas problemáticas y aporten a la prevención y erradicación de las situaciones de violencia a las que nos vemos expuestas.