Comunicación y Cultura

ENTREVISTA A PABLO SEMAN – LAS CLASES MEDIAS EN LA ENCRUCIJADA

25 mayo, 2018

Conversamos con Pablo Seman (Doctor en Antropología Social) sobre la Clase Media en la Ciudad de Buenos Aires y sus representaciones políticas durante los últimos años

Imagen Pagina/12

-Según una encuesta realizada por la Consultora W y Trial Panel, el 80% de los argentinos se percibe como clase media. ¿Qué interpretación te merece este dato?

P.S: Fue interpretado superficialmente ese trabajo. Para mi habría que tener en cuenta que la clase media es un ideal, que depende desde donde se enuncia: para los más jóvenes es poder alquilar, para alguien de mi edad es tener una casa, hay otros que lo traducen en base a su capacidad de salir a comer afuera o pagar una prepaga y una escuela.

A su vez es un ideal que obliga a convivir constantemente con la frustración, porque “ser de la clase media” es algo imposible. Cualquiera sea el parámetro que establezca esa pertenencia también sentís que te cuesta cada vez más pertenecer porque ese parámetro está compuesto por bienes que son siempre cada vez más caros para posiciones que son cada vez más precarias (además de que llegan en una oferta deteriorada producto del despotismo de los oligopolios que controlan la oferta: el caso del servicio de celulares es un clásico).

Estructuralmente la posición de las clases medias es que todos la pasan mal, todos viven situaciones inestables y tienen la sensación de que en cualquier momento “te podés caer” sea cual sea el estrato en que estés.

Es que a esa inestabilidad sincrónica yo le sumaría una dimensión diacrónica que abarca al conjunto de la clase media. Esto se observa, fundamentalmente en el proceso de “inquilinización”, que se dió sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires donde la clase media más precaria se expandió y la más tradicional se encogió. Hay menos propietarios ahora, que antes. La casa propia que antes era un indicador de la clase media se convirtió en un sueño cada vez más lejano.

Así esa dinámica estructural es al mismo tiempo histórica y actual: las personas viven la volatilidad de sus posiciones desde hace décadas y en cada momento de estas últimas décadas.

Entonces respondiendo a lo que preguntan al inicio: no es que no tenga valor que el 80% se identifique como de clase media, pero si uno no lo pone en conexión con la situación diacrónica y sincrónica del conjunto de la clase media, con su heterogeneización estructural, con lo insatisfactorio de las experiencias de gobierno, etc, uno no puede comprender en su totalidad el dato. Se lo toma superficialmente y lo que queda es que “los políticos tienen que hacer discursos para la clase media” como si eso se implicara o bien una vara más alta (exigencias “nórdicas) o bien como si implicara un actor político “histérico” (al que hay que educar regañándolo). Las actitudes respecto de la clase media del macrismo por un lado y del espacio nacional y popular por el otro son simétricamente opuestas, pero compartieron. En el pasado inmediato, la imposibilidad de interrogar cual es el significado de esa masiva autopercepción de los sujetos como perteneciendo a la clase media.

-¿Qué significa ser/pertenecer a la clase media en la Ciudad de Buenos Aires? ¿Cómo se resignificaron los extremos en esa clase?

P.S: En el ideal de la clase media en esta ciudad, hay varias cosas que han cambiado. Primero: un cambio importante es, en las generaciones jóvenes, la perdida de centralidad del “sueño de la casa propia”. Segundo: la definición identitaria pasa por el acceso a un cierto grado de sofisticación del consumo. Antes se aspiraba al ahorro y ahora -ya sea porque no te alcanza o porque no tenés métodos de ahorro- se vincula al consumo. Una síntesis de esas dos ideas es “alquilo, pero tengo una nespresso”. Y esto se relaciona con algo que en una parte de las clases medias es clave: la relación “con el mundo” es también algo importante que expresa el ideal de internacionalización. También habría que ver hasta que punto se transformó la situación laboral de las clases medias:  caducaron ideales de estabilidad y se mira menos el valor de la educación para tender más al resultado y el éxito.

También hay una idea “moral” de la clase media. Que tiene que ver con no robar por arriba y no robar por abajo, no ser ni planero ni nene de papa. Hay un reflejo de querer demostrar un ingreso “socialmente legítimo”, que “no se lo robaste a nadie”. Por eso escuchamos: “yo vivo del sector privado”, “se gastan la mía”, “lo pago con mis impuestos”. Estas frases reflejan otra tendencia estructural, que por cierto está bastante bien percibida por la clase media, que es que nuestra sociedad tiende a producir exclusión. Todos sabemos por dónde nos podemos caer, por eso asumir y sobre-declarar la legitimidad del ingreso y hacer lo contrario con el ingreso del otro. La exclusión como realidad y como fantasma. Esa idea moral responde a otra situación estructural que tiene que ver con que la economía produce cada vez más exclusión: es como un viaje en un barco que se va a hundir y no alcanzan los salvavidas para todos entonces empieza disputar y establecer criterios sobre quien merece el salvavidas.

-¿Cómo creés que influye esto que decís, en la lectura  sobre los conflictos gremiales como el de la represión a los metrodelegados del último martes?

P.S: Hay un proceso de fragmentación creciente que viene de hace 40 o 50 años, que lleva a que las acciones colectivas de los grupos que no son los míos sean consideradas ilegítimas. Además se suman los efectos de la individualización que lleva a una ruptura con las lógicas de acción colectiva.

En los noventa esto se agudizó y el menemismo recogió esto en un marco democrático, en el seno de una idea de ciudadanía que impugnaba lo que veía como “autoritarismo corporativo”: “no puede ser que unos tipos que son una parte le impidan algo a todos”. El macrismo intentó hacer lo mismo considerando a cualquier reclamo sectorial como mafioso. Hasta terminar en el imposible de señalar ese carácter a toda la sociedad.  En el caso del conflicto con los metrodelegados esto cuaja perfecto para el relato, porque son una fracción del sector del transporte y el gobierno logró sacar el eje de la inflación y de la paritaria.

Aunque por otro lado Pianelli, que es un tipo muy valioso, supone que todo el mundo piensa lo que piensa él: que él está protestando por algo, por lo que todos van a estar protestando dentro de tres meses y que su protesta ayuda a desmontar ese mecanismo de estigmatización de la protesta que describo. Puede ser, pero se habla desde un fragmento creyendo que se habla desde el todo y que todos comparten ese diagnóstico. El problema ahí es que hay que explicarles a los otros lo que para uno es obvio. Y no enojarse porque hay que hacer eso. Es muy difícil elaborar la irritación que a uno le causa gente que piensa que los sindicatos  son per se negativos, pero uno no puede ceder a esa irritación por más catártica que le resulte.

Hay una presencia muy fuerte de la clase media precarizada, que está más bien en el sur y en el oeste de la Ciudad, que influye en la dinámica electoral. Eso lo aprovechó, primero por Macri, y después se agudizó con Larreta, cuando terminaron dialogando, en sus términos, con las demandas de sectores populares y la clase media precarizada de manera tal que lograron representarlas, al menos en parte. La urbanización (que es un dispositivo de mejoramiento y control) es una herramienta que podría rendirles electoralmente y les da representación más allá del núcleo original. Donde se podría esperar la erosión electoral del macrismo -porque su política tiende a privilegiar a los ricos y a perjudicar a los pobres-  nos encontramos frente a políticas que dialogan de otra manera con las clases medias y bajas. Pero atención: el proceso en que entramos en las últimas semanas puede haber revertido todos esos logros que tuvo el macrismo. En las últimas semanas la crisis expuso no solo la vertiente del ajuste abrupto, descontrolado, desordenado y sin fin ni final. También puede reabrir las heridas de ajustes pasados y dar lugar a otras representaciones.

Obviamente no podemos dejar de ver que todas las políticas para estos sectores se conectan con el proyecto a largo plazo del macrismo, que es, en parte, un proyecto netamente inmobiliario. Se ve desde Barracas a Caballito sur un corredor para proyectos inmobiliarios que se va se van a desarrollar estén o no ellos en el Gobierno pero si en la construcción.

– Si pensamos al kirchnerismo y al macrismo como dos identidades que surgen tras la crisis de 2001 y que se originaron, en gran parte, en la misma clase: la clase media ¿De qué manera creés que ambas identidades políticas buscaron representarla e interpretarla?

– Es cierto que tanto el kirchnerismo como el macrismo nacen, en parte, de esas clases medias. Pero, yo no lo situaría en el 2001, creo que viene de mucho antes, y que tiene que ver en cómo se fueron heterogeneizando esas clases medias muy marcadamente durante los años noventa y sobre el papel que tuvieron esas clases durante el tiempo que rigió la convertibilidad. Y, sobre el papel que tuvo, un fenómeno que yo diría es: las clases medias en general (incluso las que se empobrecieron y que después estuvieron contra la convertibilidad) durante el tiempo que rigió la convertibilidad vivieron dentro de ese universo simbólico, tanto los que iban a ser macristas, como los que iban a ser kirchneristas. Pero en esa época la exclusión era casi un límite totalmente asumido incluso por parte de los que la cuestionaban. El periodismo progre de los 90 habia abandonado las causas sociales y militaba a full las causas democráticas y la alianza pensaba que iba a ahorrarse “la plata de la corrupción” para gastarla en políticas sociales. Ese era el horizonte utópico: una miseria.

Pero había una idea de ciudadanía que tenían esas clases medias en los noventa que es importante porque expresa un compromiso democrático, pluralista, liberal, con demandas de nueva generación. El consenso alfonsinista no nace durante la época de Alfonsín, sino más bien nace en esa época y buena parte de las orientaciones que se da la clase media durante los noventa, prefiguran los temas de los que van a emerger después tanto el macrismo y el kirchnerismo.

Estas dos identidades tampoco son siempre lo mismo. No son estáticas, sino que han ido incorporando ingredientes y redefiniendo, definiendo sus perfiles. Pero es bueno subrayar que tienen, además de diferencias notables, una especie de plataforma común.

El año 2001 encuentra a esas clases medias con su heterogeneización socio-demográfica, con sus diversos modos de pauperización -(desde quienes se empobrecen por el deterioro del salario y el empleo hasta quienes lo hacen por la confiscación de sus ahorros), en modos que van  desde la sintonía (en la articulación de cuestiones vinculadas a lo democrático, a  la corrupción y al “que se vayan todos”) hasta el enfrentamiento en una guerra de clases medias que toman parte en proyectos políticos que las contienen y las enfrentan .

Ahí surge una idea que es parte de ese patrimonio común que se gestiona de formas diferentes que es la idea de que la clase media puede voltear gobiernos. Son sujetos que creen que tienen una agencia y una capacidad de disrupción histórica enorme.

Después, los liderazgos políticos irán empezando a conducir a esos grupos que, hasta ese momento, tenían esos elementos en común y miradas relativamente difusas. Si ustedes piensan entre 2003 y 2007 no existían ninguna de esas dos identidades como existieron y se contrapusieron desde 2008.

En el período posterior al 2001, desde la asunción de Kirchner hasta (aproximadamente) 2005 y a veces un poco más, esas clases medias no tenían quién las conduzca ni quién les dijera en qué país estamos, hacia dónde queremos ir, o cuáles son sus problemas. De hecho, la literatura masiva sobre historia, creaba más relato que la política. Había autores de un lado y otro, de lo que iba a ser la grieta. No estoy considerando aquí la calidad de unos y otros que es muy distinta, como intelectuales, sino su función respecto de públicos y electorados. Otro tanto ocurría con el periodismo que conducía mas a esas clases medias que las referencias políticas. Desde 2007 en adelante y sobre todo a partir de la (resolución)125, los dirigentes y discursos propiamente políticos entran a ordenar mucho más nítidamente el panorama de las orientaciones políticas de la clase media.

Algunos las van encaminando hacia una opción que se concibe a si misma como nacional y popular y en tanto eso, es también democrática, pero se plantea en conflicto con la institucionalidad. Es curioso porque, aunque en realidad el kirchnerismo fue más democrático y republicano que predecesores y sucesores pero fue como un sátiro virgen que se la da de maquiavélico y de malvado, pero es totalmente virgo en ese punto. El kirchnerismo sobreactuó el desinterés por las instituciones y las formas, pero, en verdad, lo que se ve, es que les le importaron mucho más que al macrismo, aunque estos de forma simétrica inversa sobredeclaren la institucionalidad que no practican, en nombre de su excepcionalidad “normalizadora”.

El kirchnerismo ayudó a construir su identidad política, adjudicándose un pecado que NO había cometido. De esta manera, privilegió un perfil más de la igualdad y contra las formas, articulando la política en términos de conflicto histórico, contra la oligarquía, contra Clarín.

Hay una avispa, que cuando va a tener crías, pica una araña la paraliza y deposita sus huevos en ella. Cuando las larvas nacen se alimentan de las proteínas de la araña. Yo creo que ese fue un poco el proceso del macrismo, una larva que crecía dentro de una araña paralizada por el veneno de una avispa. Fue comiendo del propio espacio simbólico del kirchnerismo. Se alimentaba de las banderas democráticas y liberales, en las que el kirchnerismo decía no creer (aunque no era verdad) y las retomaba en oposición a ellos y al mismo tiempo generaba demandas que partían del piso kirchnerista o de lo que ese piso no abarcaba. La mayor parte del crecimiento electoral de cambiemos que excede el voto clásico de la derecha lo obtuvo en esa dinámica en los sectores medios.

Pero la posibilidad que se consumó recién en 2015 venia de más lejos. Eso se vislumbra es claramente en el resultado electoral en de 2007, que yo creo que está fue muy mal leído. Cualquiera que lo leyera hubiera pensado que había ganado el kirchnerismo, y que había logrado renovar su mandato en condiciones óptimas: Néstor se va con la mejor imagen y CFK asume las “tareas pendientes”. Sin embargo, creo que Néstor se debe haber acostado muy preocupado esa noche, porque perdió en grandes centros urbanos y no había forma de explicar esas derrotas parciales ni un 47 % que después de todo no era tanto y creaba un problema eventual hacia 2011. Esta es una observación que no es mía sino de hecho Pablo Gerchunoff, pero que no se suele tener en cuenta.

Lilita Carrio, de una forma insidiosa, dijo en ese momento que el gobierno nace con legitimidad segmentada porque la clase media urbana había dejado de votar al kirchnerismo. Y eso es, más allá de la intención, algo verdadero, al menos en parte: hay una ruptura simbólica y eso es lo que va nutriendo al macrismo, que ya no era un tipo que no podía ni hablar, ni fonar, sino que va dándole sus propias inflexiones a lo que se había creado a partir del 2001.

Macri gana en ese mismo año la Ciudad de Buenos Aires y lo hace logrando identificar al progresismo como una identidad irresponsable que ofrece mucho, pero después no logra concretar nada, (a partir de Cromañon), y que, de buenas intenciones te llevan al infierno.

Todo eso se agudiza y exacerba con la crisis de la 125 y las consecuencias de la de las subprime, que hace que la economía caiga muchísimo, y una parte de la clase media vuelva a percibir el malestar económico. En este contexto, la clase media recupera su empoderamiento (“nosotros somos los que tiramos gobiernos”) y reactiva contra el kirchnerismo los ánimos liberal democráticos o algo que debería ser concebido como un republicanismo imaginario. La muerte de Néstor Kirchner y la victoria del 54 %, conjugadas con lo que venia de antes y con medidas y situaciones post victoria (el cepo, las declaraciones juradas a las importaciones, las corridas bancarias, las propuestas de re-reelección) le dieron combustible a esa hostilidad y ese proceso cataliza en el cacerolazo del 2012.

Todo ese proceso de formación de un sujeto, que va a dar lugar al macrismo en las clases medias, no es necesariamente liderado por el propio macrismo. La movilización era justamente por la ausencia de un liderazgo, “queremos un campeón electoral opositor” y nadie se proponía hacerlo. Ese sujeto tenía un menú: internacionalización, poder atesorar en dólares, “respeto a las instituciones”-imposibles garantías de alternancia a priori, más precisamente- y también la confrontación con el kirchnerismo y su definición como un demonio.

En un período posterior, el macrismo empieza a aparecer como tal. Va adoptando un perfil mucho más nítido que intenta expresar un deterioro económico para ellos creciente, un deterioro en las instituciones y un “sentir que son los buenos vecinos que pueden salvar a la patria”. Si antes, las clases medias, los meritorios del dinero y las profesiones habían hecho el cacerolazo, habían logrado tirar el gobierno en el 2001, ¿por qué no podrían poner un presidente?

En el proceso que va de 2009 a 2015, más allá de la muerte de Néstor y la elección del 2011, que todavía hay que terminar de interpretarla, el kirchnerismo se va estrechando y mucho de lo va ganando el macrismo son cosas que fue perdiendo el kirchnerismo.

El macrismo y el kirchnerismo son operaciones que se realizan, en parte, sobre superficies sociales relativamente convergentes. Es cierto que hay una sociodemografía que las divide estructuralmente, porque hay un sector que está más vinculado al Estado, al mercado interno y hay otro sector más vinculado a la exportación, a la gran propiedad o a familias profesionales muy establecidas. La interpelación política es la que las termina de dividir y produce ese cruce, en el cual Macri termina ganando el voto de los maestros o el voto de trabajadores asalariados que pertenece a la camada de quienes estaban afectados por el impuesto a las ganancias, o “afectados” porque Cristina hablaba en cadena nacional todos los días.

Hay una parte del círculo vicioso del kirchnerismo, que es en parte lo que lo lleva a perder, que es el darse sede exclusiva en un meta-lugar que es “el pueblo”, el “verdadero pueblo”, que tiene un “núcleo duro” y que, a veces, converge o no con la simpatía de la clase media, pero debe luchar contra su carácter “casquivano”. La clase media en el kirchnerismo, implícitamente, está descripta con los mismos términos que usaba el trotskismo, la clase media es un coloso entre dos gigantes: una clase vacilante frente a la dureza de las clases reales, “que les das, pero no te devuelven”. Eso le sirvió al kirchnerismo, más que como una explicación, como una prescripción que se le vino en contra pues acentuó el corte de los puentes que tenía con las clases medias. Porque aparte los tipos que decían eso, eran todos de clase media. Hubo un proceso acelerado hacia el final del kirchnerismo que se retroalimentó de esa mirada negativa de las clases medias, en oposición al discurso del macrismo en el cual las clases medias lo eran todo. Alternativamente se hubiera tratado de asumir más pluralmente la heterogeneidad del espacio y de asumir las consecuencias económicas y políticas de tener “adentro” esa diversidad. No se hizo, era difícil hacerlo, convengamos y se pagaron las consecuencias.

Ahí también parten de lo mismo, sobreestimar el poder las clases medias. Uno como factor de daño y otro como factor de progreso. Además es una reflexión de las clases medias sobre si mismas, una autoelogiosa y otra autoinculpante.