Derechos humanos, seguridad y convivencia

EN LA CIUDAD LAS MUJERES TRABAJAN MÁS Y COBRAN MENOS

1 marzo, 2018

Las diferencias de género son estructurales en nuestra sociedad y se expresan en todos los ámbitos. En el terreno laboral, incluyendo el trabajo no remunerado, las diferencias son cuantificables y una muestra clara de las desigualdades económicas a las que las mujeres se ven expuestas.

En Argentina, la brecha salarial es de 27%, una de las más altas de Latinoamérica. Los relevamientos indican que las mujeres son las más afectadas por la desocupación, más aún las jóvenes menores de 29 años. Entre las que trabajan en el mercado laboral más de un tercio tienen empleos no registrados, el 76% de las tareas domésticas y de cuidado son realizadas por mujeres sin que el mercado les reconozca un valor económico. El 67% de lxs jóvenes mal llamados Ni-Ni (ni trabajan ni estudian) son madres, que en realidad trabajan en sus hogares. El resultado de estas desigualdades es que el 70% de las personas más pobres del país son mujeres

En la Ciudad de Buenos Aires, los últimos datos disponibles en la Dirección General de Censos y Estadísticas corresponden al segundo trimestre del año 2017. Muchas dimensiones de la desigualdad estructural de nuestra sociedad pueden verse cuando se analizan los principales indicadores laborales. En este sentido, las mujeres sufren la desocupación más que los varones. Para ellas el índice es de 12.5 puntos, mientras para los hombres es de 9 puntos. Si observamos la evolución de este indicador en los últimos 3 años vemos que esta diferencia no se redujo. Si bien la brecha salarial en la Ciudad es menor al compararse con los niveles nacionales, ya que aquí las mujeres cobran en promedio 17% menos que los varones, los números de la DGCyE evidencian desigualdad: mientras las mujeres tienen un ingreso promedio de $ 16.573, los varones ganan en promedio $ 20.026. Muchos estudios intentan quitarle importancia a esta diferencia salarial entre mujeres y varones realizando un análisis que considere solo el valor de la hora trabajada; por ejemplo en la Ciudad las mujeres trabajan en promedio 34 horas, mientras que los varones lo hacen 41 horas. Sin embargo, esta perspectiva desconoce que el tiempo disponible para trabajar en el mercado laboral es en sí mismo un indicador importante de desigualdad.GRAFICO BRECHA SALARIAL

La Encuesta de Uso del Tiempo del GCBA realizada en 2016 muestra que las mujeres dedican 4 horas más que los varones al trabajo doméstico y de cuidado. Esta desigualdad está determinada socialmente y se basa en una injusta división del trabajo por género, es por eso que incluso las mujeres que trabajan dentro del mercado laboral dedican 5 hs diarias a los trabajos no remunerados, mientras que los varones desempleados dedican solo 2 horas y media a dichas tareas. Esta dedicación del tiempo que realizan mujeres y varones casi no sufre modificaciones según la condición de ocupación. Esto explica que en la Ciudad de Buenos Aires, la jornada total de trabajo de las mujeres supere 1 hora en promedio a la de los varones.

A su vez, el tiempo dedicado al trabajo no remunerado se distribuye diferencialmente entre las mujeres de hogares con mayor y menor poder adquisitivo. Podemos observar que en la zona norte (comunas 2, 13 y 14) las mujeres dedican al trabajo no remunerado 4 horas diarias, mientras que las mujeres que habitan en hogares del sur de la Ciudad (comunas 4, 8, 9 y 10) dedican casi 6 horas y media a estos trabajos. Como podemos ver, la desigualdad de género se refuerza entre las mujeres de los sectores más vulnerables de la población. La diferencia en la participación en el trabajo doméstico es una de las mayores causantes de la desigualdad entre varones y mujeres en el terreno económico. Dedicar más tiempo a estas tareas implica disponer de menos tiempo para formarse y para trabajar de forma remunerada, a la vez que muchas veces condiciona a aceptar trabajos más flexibles, precarizados y con bajos salarios.

En este contexto, de cara al Paro Nacional de Mujeres propuesto para el próximo 8 de marzo, donde el feminismo avanza en sus justos reclamos por mayor igualdad y justicia social; resulta urgente legislar para terminar con la obligada doble jornada laboral a la que se ven expuestas las mujeres y  a la vez lograr un reconocimiento del valor económico de las tareas que se realizan en el hogar por su rol fundamental para sostén y desarrollo de la sociedad.