Desarrollo

El ajuste sobre el bolsillo de los porteños: cada vez más desigualdad

20 febrero, 2017

Por Federico Pastrana y Juan Goldman

En general se asume que los porteños están en mejores condiciones que el resto del país y, por lo tanto, el impacto de un contexto de ajuste sobre el bienestar de los hogares sería más “tolerable”.

Efectivamente, el nivel de ingreso per cápita promedio de la Ciudad de Buenos Aires es sumamente mayor al resto del país y, particularmente, al de la Provincia de Buenos Aires. Sin embargo, esta comparación no da cuenta del nivel de desigualdad al interior de la CABA, lo cual podría llevar a conclusiones erradas a la hora de analizar políticas públicas, como las llevadas a cabo en 2016.

Existen varios artículos que mencionan el impacto de las políticas de ajuste nacionales sobre el bolsillo de los trabajadores. Resulta evidente que en el año 2016 hubo una caída en el poder adquisitivo del salario de manera generalizada del 6%, aunque con diferencias según la negociación en cada sector, lo que implicó un cambio en la distribución del ingreso.

Como salió en varios medios de comunicación, la distribución del ingreso a nivel nacional empeoró en 2016. Los ingresos del 10% más rico de los hogares variaron 43% mientras que los del 10% más pobre, apenas 35%, por lo que la brecha entre los ingresos de estos sectores se amplificó en tan sólo un año, según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares a nivel nacional (2do trimestres de 2015 y 2016, último dato disponible).

En este artículo nos proponemos analizar los efectos del ajuste sobre los porteños. Será central en el análisis, no solamente tomar los promedios, sino diferenciar situaciones, a fin de poder profundizar cómo impactan los contextos económicos negativos sobre las familias.

EL AUMENTO DE LOS PRECIOS

Lo primero que hay que decir es que, en general, los ingresos reales de los hogares se ven afectados por distintos factores. Los principales ingresos de los hogares están vinculados con los salarios, las jubilaciones y las prestaciones sociales a los cuales se suman, en los estratos más altos, rentas de la propiedad y/o ganancias de capital, frecuentemente subestimadas en las encuestas realizadas por los institutos de estadísticas. Los aumentos en los precios erosionan el poder de compra de estos ingresos.

Fuente: IPCBA

En 2016, la fuerte transferencia de ingresos realizada a través de la política económica llevó a un incremento muy fuerte de la inflación y un aumento del desempleo (a causa de la contracción del nivel de actividad económica), lo cual disminuyó el poder adquisitivo del salario y los ingresos de los hogares.

Los aumentos de precios en el 2016 en la Ciudad de Buenos Aires fueron generalizados en prácticamente todos los rubros. Los servicios básicos -agua, luz y gas- aumentaron un 283%, 253% y 147%, respectivamente. En transporte, el subte aumentó de $ 4,5 a $7,5 y el colectivo de $ 3,75 a $ 7,50. El taxi subió un 37%, mientras que el peaje 108% en promedio y la ficha del parquímetro pasó de $4 a $8. El ABL aumentó con un tope del 38%. A su vez, tanto las prepagas como la educación privada sufrieron aumentos de 43,4% y 32%, respectivamente, lo que cobra relevancia en una Ciudad donde el 33% tiene cobertura de medicina prepaga y el casi el 50% de los niños entre 5 y 17 años asiste a escuelas privadas. A fines del año pasado se situaba en un 41% interanual.

En síntesis, la mayor parte de los bienes y servicios que consumen los porteños tuvieron aumentos muy superiores a los ingresos de la mayoría de la población. A fines del año, la inflación pasado se situaba en un 41% interanual. Este proceso llevó a que la mayor parte de los hogares tuvieron una pérdida de poder adquisitivo.

EMPLEO

Si bien a nivel nacional desde el INDEC se realizaron nuevos cálculos del nivel de desempleo, que dificultan la comparación con 2015, se puede afirmar que en 2016 la tasa de desempleo aumentó, dada la relación directa entre el nivel de producción y el empleo. Los datos de la CABA (que no variaron en su metodología) así lo corroboran. El nivel de empleo cayó de 50,8% a 50,2% y el desempleo aumentó 2,7 puntos porcentuales (de 7,2% a 9,8%).

El incremento del desempleo no solamente fue impulsado por la caída en el total de ocupados sino también de la cantidad mayor de personas que buscan trabajo, conclusión similar a la que se puede arribar a nivel nacional. Esto sugiere un comportamiento generalizado: menos puestos de trabajo y más personas en busca de trabajo, en un contexto de empeoramiento del poder de compra de la mayoría de la población.

En la Ciudad de Buenos Aires, las tasas de desempleo resultan diferentes entre el norte y el sur de la CABA. Así es que, en 2015, el desempleo fue del 6% en el norte y 11,2% en el sur, frente a un promedio del 7,8%.  Observando los datos de 2016 se destaca el impacto diferencial del ajuste: en el 3er trimestre de 2016 la tasa de desempleo pasó a 4,6% en el norte frente a un 14,5% en el sur, es decir, la diferencia se amplificó a tres veces.

Por lo tanto, el desempleo en la CABA creció en 2016, en el marco de la caída de la actividad económica  y del empeoramiento de las condiciones de vida de la mayor parte de los hogares. Ademas, las diferencias entre el norte y el sur que existían previamente, se amplificaron.

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Fuente: Banco de Datos GCBA

INGRESOS

Al analizar los ingresos de los trabajadores y sus hogares en la Ciudad, se observa que al comparar los tres primeros trimestres de 2016, el poder adquisitivo de un trabajador promedio cayó 10% en relación al mismo período de 2015. Esto significó una fuerte caída de los ingresos reales. Sin embargo, el efecto del ajuste no se limita a una caída generalizada de ingresos sino que el impacto es diferencial entre el norte y sur de la Ciudad. Mientras que el ingreso de un hogar promedio del sur de la CABA en 2015 era 53% del de un hogar del norte, en 2016 esa relación pasó a  49%. Es decir que, los hogares del sur se vieron más perjudicados frente a la inflación, aumentando la brecha entre los ingresos.

En relación a lo anterior, al dividir a la población por quintiles de ingreso (tramos de 20%), se registra que los tres con menores ingresos (60%) sufrieron el ajuste reduciendo sus ingresos reales, mientras que los dos quintiles superiores (40% más rico) están mejor que hace un año en este sentido. Así es que el 20% más pobre de la Ciudad vio caer sus ingresos en torno al 14%, los dos quintiles de mayor ingreso no sufrieron el ajuste.

Entonces, se puede concluir al igual que en el desempleo, las diferencias entre los ingresos reales de los hogares más pobres y más ricos, así como las del norte y del sur de la CABA, se amplifican.


En síntesis, la gran mayoría de los trabajadores y los hogares de la Ciudad de Buenos Aires sufrieron en su bolsillo las consecuencias del ajuste impulsado por el Gobierno Nacional en el 2016. Los ingresos de los trabajadores cayeron como consecuencia del aumento generalizado de los precios, tanto por la devaluación y los acotados aumentos salariales como por el incremento en las tarifas de servicios públicos, no sólo de los servicios básicos sino también de la educación y la salud privada. Al mismo tiempo, la contracción de la economía llevó a un aumento de la tasa de desempleo, disminuyendo los ingresos de los hogares.

Asimismo, el impacto del ajuste no lo sufrieron todos los porteños de forma homogénea. Los hogares más ricos pudieron hacer frente a la inflación mientras que los más pobres sufrieron una fuerte caída de su poder adquisitivo, que llevó a un aumento de la pobreza e indigencia. Este comportamiento desigual tuvo un correlato territorial: las desigualdades entre el sur y el norte de la ciudad aumentaron, tanto en términos de desempleo como en distribución del ingreso. Bajo el escenario de ajuste, hubo una falta de políticas compensatorias tanto a nivel distrital como nacional, lo que colaboró a la profundización de las brechas sociales históricamente existente en la Ciudad.