Comunicación y Cultura

Se nos muere el tango

5 agosto, 2016

Las milongas en la Ciudad de Buenos Aires atraviesan una situación crítica. Con normativas imposibles de cumplir, clausuras arbitrarias y demoras en la emisión de permisos, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires está apuntando directamente al corazón de la cultura porteña.


El mismo año que Macri ganaba sus primeras elecciones en la Ciudad, se sancionaron tres proyectos de ley que especifican los requisitos de habilitación para shows de música en vivo, teatro independiente y milongas. Estas normativas pretendían resolver los problemas derivados de las medidas de emergencia promulgadas luego de la tragedia de Cromañón.

Sin embargo, estas leyes pusieron requisitos casi imposibles de cumplir, y la falta de acompañamiento del Estado hizo que muchos espacios no puedan ajustarse a los nuevos requerimientos.

Exceptuando los eventos “for export”, las milongas no constituyen una actividad generadora de ganancias extraordinarias: gastan mucho y ganan poco. La tradición es recorrer más de una milonga por noche por lo que se busca que el precio de las entradas se mantenga accesible.

Existen alrededor de 200 milongas en la Ciudad que generan puestos de trabajo y ponen en movimiento industrias de calzado y vestimenta, a la vez que dan visibilidad a nuevos músicos y bailarines. En torno a ellas, también se crean escuelas y se ofrecen clases de baile, se contratan fotógrafos, diseñadores, editores de videos, se imprimen libros y revistas especializadas.

El circuito de milongas es además destino obligado para los miles de extranjeros amantes del tango cada año. Este atractivo turístico representa ganancias para la hotelería y servicios en toda la Ciudad.

milonga2Sin embargo hoy las milongas están heridas de muerte. El brutal ajuste que implementó el Gobierno Nacional desde la llegada al poder de Mauricio Macri junto a la creciente inflación y la consecuente pérdida del poder adquisitivo de la población, desembocaron en una drástica disminución del público que asiste, estimada entre un 35% y un 55% menos en relación a 2015.

Asimismo, el tarifazo a los servicios públicos multiplicó los costos fijos de los espacios donde funcionan, generalmente Salones Milonga, Clubes de barrio, o Clubes de música en vivo. El resultado es que varias milongas ya han tenido que cerrar sus puertas y el resto hace malabares para evitar ese fatídico destino.

Por si esto fuera poco, hace varios años años las milongas enfrentan clausuras reiteradas sin sustento legal. Los inspectores de la Agencia Gubernamental de Control, dependiente del Gobierno de la Ciudad, parecen desconocer las leyes existentes que permiten el funcionamiento de las milongas. Amparados en discurso de la inseguridad ejecutan clausuras arbitrarias cada fin de semana. De hecho, la misma noche en que habilitaban la fiesta “Time Warp” en la que murieron 5 jóvenes, clausuraban la milonga Malena en el Club Sunderland, un histórico del barrio de Villa Urquiza. La política es clara: habilitaciones para grandes comerciantes y amigos, clausuras para las actividades populares. A esto se suman grandes demoras en la emisión de habilitaciones y permisos anuales sin los cuales no pueden funcionar.

La ley N° 130 de la Ciudad de Buenos Aires, llamada “Ley de tango” y sancionada en diciembre de 1998, “reconoce al Tango como parte integrante de su patrimonio cultural, por lo tanto garantiza su preservación, recuperación y difusión; promueve, fomenta y facilita el desarrollo de toda actividad artística, cultural, académica, educativa, urbanística y de otra naturaleza relacionada con el tango.” El tango también fue reconocido por los legisladores nacionales e incluso por la UNESCO.

Sin embargo esto es mucha teoría y poca práctica. La única inversión que realiza el Gobierno porteño destinada al tango, son los festivales y campeonatos, que dan cuenta de un tango excluyente, desdibujando la esencia popular que caracteriza la milonga.

En este contexto, la legisladora Andrea Conde (Nuevo Encuentro-FPV) presentó un proyecto de ley para que el GCBA asuma su responsabilidad para garantizar el funcionamiento de las milongas. El proyecto plantea la creación de un Instituto de Protección y Fomento de la actividad milonga, inspirado en regímenes similares que se encuentran vigentes para el teatro, la danza y la música.

La propuesta incluye el otorgamiento de subsidios, créditos y/o exenciones de impuestos, tasas y otras contribuciones; la incorporación de una partida presupuestaria específica para esta actividad en el presupuesto general de la Ciudad, y la creación de un régimen de concertación de la actividad, a cargo de un Directorio conformado por miembros designados por el Ministerio de Cultura de la CABA y de la actividad.

De ser aprobado este proyecto, las milongas podrían contar con los recursos económicos para realizar las inversiones necesarias que les permitan adecuar los locales a las normativas vigentes. Por eso más de 300 representantes y organizadores de milongas porteñas se dieron cita frente a la Legislatura Porteña para apoyar esta presentación el pasado martes 12 de julio. En las redes y en cada salón viralizaron la consigna #BanquemosLaMilonga.

Depende de la lucha de las milongas y del acompañamiento de toda la ciudadanía que el corazón del Tango siga latiendo en la Ciudad de Buenos Aires.